KYRGYSTAN

La última parte de la Pamir Highway es la más dura. Se atraviesan 2 puertos de más de 4.000 metros. El viento es fuerte, de cara, hace frío, y la carretera esta rota. Dos ciclistas que me encuentro, auténticos héroes del overlanding, no pueden más. Esperan que alguien les pueda llevar hasta la frontera. Va a estar difícil. En las últimas 5 horas solo he visto un vehículo y estaba abarrotado. En estas partes del mundo los recursos se exprimen al máximo.

 

El firme, durante tramos de 10-15 kilómetros, presenta lo que en inglés denominan, washboard –Tabla de lavar-. Ondulaciones continuas, perpendiculares al sentido de la marcha. Un método infalible para aflojar tornillos, empastes y sueños viajeros.

 

No muy lejos de la frontera se agradece el tránsito por el Karakul. Lago de altura -3.900 m.- Los Tayikos, andan detrás de organizar una regata y convertirse en el lago navegable a mayor altitud del mundo, por encima del Titicaca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El puesto fronterizo Tayiko está en un lugar inhóspito y sucio. Los 2 cubículos donde conviven los hombres de frontera, presentan la misma configuración. La hoguera donde calientan el té y sus vidas, los camastros, y la mesa donde apoyan sus cuadernones de datos viajantes. Vives uno de esos momentos, repetido tantas veces, en el que te sientes afortunado de no tener que pasar más de los 30-45 minutos necesarios para pasar una frontera sin complicaciones. La simpatía del lugar y de las personas, tienden a converger… y el lugar es claramente antipático, y algún ramalazo que he visto de un soldado, roza la chaladura…

 

Enseño el sello al soldado de la última barrera… ya estoy en tierra de nadie…

 

En Asia, las fronteras se pintaron con brocha gorda. Los tránsitos entre puestos fronterizos, como es el caso del paso Sur entre Tayikistán y Kyrgystán, son de más de 15 kms en algunos casos.

 

Todo es bajada. El puesto Kyrgy es más amable. ¿Llevas armas, drogas o animales encima?. Aquí se fían de tú palabra y no hay lugar a la incomodidad de desempaquetar y volver a empaquetar tú vida. No, respondo. Y tampoco me gustan las películas de gladiadores ni cuando sruffy se frota con mi pierna, rumio por dentro… Firma aquí…

 

Van 16 fronteras.

 

La entrada en el país es plácida. Una rectilínea carretera corta una cordillera perpendicularmente, dejando el enorme frontón a mis espaldas. Ante mí, una extensa pradera que hace de valle antes de la próxima cordillera. Estoy contento y podría decir que hasta orgulloso. A 10 kms de Sary Tash, donde he quedado con el grupo con el que cruzaré a China. Sary Tash es un pueblo frontera, y casi nunca pintan bien esas 2 palabras juntas, así que pongo rumbo Oeste hacia Sary Mogul, a los pies del Monte Lenin -7.134 m-. Este peñasco, como ocurre con tantos otros (Everest, Ararat…), comparte su base entre varios países. En este caso, entre Tayikistan y Kyrgystan.

 

Sary Mogul me vuelve a traer memorias del pueblo donde nació mi padre, en Liébana, Cantabria. Se parecen como un huevo a una castaña, pero me inspira la misma forma de vida de principios, mediados del siglo 20. En España hemos corrido mucho los últimos 40 años, pero no hace mucho las zonas rurales eran muy similares a esta.

 

En Sary Mogul no hay agua corriente. El baño es una caseta a unos metros de la casa, con un agujero entre tablones. Viven principalmente de lo que proporcionan animales y el campo. Amasan y cuecen su pan. Se calientan con cacota seca –dicen los locals que calienta mejor que la madera -.Hay pocos árboles. Se transita en burro. Y la vida pasa despacio. Aquí las boinas son alargadas y de color blanco. Los vestidos de pasiega más coloridos y tupidos. No hay albarcas, pero le pegan igual de fuerte al tropar y a la guadaña. El ambiente es frío, y la neblina de las chimeneas termina de decorar el ambiente perfecto de montaña que tanto me gusta.

 

Duermo en el suelo de una habitación compartida, entre 2 coloridos edredones de lana. El suelo forrado de alfombras, estamos en Asia Central. Como en tantas otras ocasiones, hago de lo a priori espartano, un pequeño hogar. Lo mas importante es que esté limpio, y estar caliente en las noches… el resto se preocupa el cerebro de colocarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por lo que cuento, parece que estoy a punto de encontrarme al mismísimo Heinrich Harrer -Bratt Pitt en Siete años en el Tibet – después de su estancia en Lasha camino de vuelta a Viena. Pues no. La providencia me topa con un cartero del mismito Bilbao.

 

Patxi es un tío viajao. Cincuentón. Licenciado en Historia. Enjuto, con barba y moreno por el sol de sus aficiones, aparenta menos edad de la que tiene. Eligió un trabajo sin stress. Suelta la información a borbotones, atropelladamente. Tiene mucho que decir de muchos temas de los que hablamos. No hay pretenciosidad. Hay ganas de compartir, entusiasmo. Es un tipo muy culto. Hablamos –habla- mucho de Pakistán y Chachemira, lugares en los que ha estado hace más de 15 años.

Es una de esas personas que pesa su vida en kilos de tiempo y libertad.

 

Paso 3 días paseando por la zona. Al segundo día, Martin se entera de que estoy en Sary Mogul, y viene a buscarme desde el campo base del Lenin. Me propone venir a buscarme al día siguiente, y visitar el campo base.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras pisteos, vadeos y algún que otro té en el Lenin, nos dirigimos de vuelta a Sary Tash. Allí nos encontraremos con el grupo de China.

 

Cuando nos encontramos, uff, que alegría. Toda esta gente, después de tantos kms., aquí, toda reunida. Y les gustan las motos, y seguro que también la cerveza!. Hay un médico, un conductor de camiones, un constructor, una profesora, un ingeniero aeronáutico, un ingeniero mecánico, un soldador y un productor teatral. De los 29 a los 55 años. Británicos, Australianos y un Galés. Las Hondas, son mayoría. Completan el grupo 2 BMW y una Cagiva. Bautizamos el grupo con unas cervezas –templadas, que le vamos a hacer- . Todos sin excepción, buena gente. Nos vamos pronto a dormir. Mañana cruzamos a China, a la región autónoma de Xinjianj, y sabemos que si eso de las fronteras casi nunca es fácil, mañana seguro que no lo es…